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Aug 21

Cómo el triunfo de Donald Trump aplastó al movimiento anti-transgénicos

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Que diferencia en relación a un año atrás. Durante el verano pasado, el movimiento anti-transgénicos estaba montado en lo alto. La primera ley de etiquetado de organismos genéticamente modificados (OGMs) de la nación se inició el 1 de julio en Vermont, obligando a las compañías a revelar si sus productos contenían ingredientes que fueron modificados genéticamente. Unas semanas más tarde, el Congreso aprobó (y el Presidente Obama firmó) un controvertido proyecto de ley que exige etiquetado de OGM obligatorio para todos los productos alimenticios a nivel nacional. La legislación fue el resultado de años de exitoso lobby por parte de la industria de alimentos orgánicos y ecologistas para alarmar a los consumidores sobre los OGMs en sus alimentos – por reglamento los alimentos orgánicos no pueden contener OGMs, la industria orgánica solo quiere hacer que los OGMs suenen peligrosos para que la gente compre más productos etiquetados como orgánicos y no-OGM. La legislación fue apoyada por celebridades como Gwyneth Paltrow, quien protagonizó una conferencia de prensa en Capitol Hill para respaldar la medida, y está fuertemente respaldada por políticos demócratas incluyendo al candidato presidencial Bernie Sanders.

A pesar de que el proyecto de ley no exige la etiqueta en el paquete que los activistas querían, la mayoría pensó que conseguirían sus demandas bajo el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) bajo un gobierno de Hillary Clinton – el USDA tenía dos años para resolver todos los detalles antes de que las compañías de alimentos tuvieran que cumplir. Muchos de los cruzados pro-etiquetado eran donantes y partidarios de Clinton; de hecho se rumoreaba que el principal financiador del movimiento de etiquetado de OGMs estaba compitiendo por un puesto superior en el USDA. Con los enemigos de los OGMs ocupando cargos en el USDA, la FDA y la EPA de Clinton, los activistas tendrían el poder de demonizar e incluso detener el progreso de esta prometedora tecnología y muy necesaria herramienta agrícola. Su futuro parecía brillante.

Entonces ocurrió el 8 de noviembre.

Desde la elección, el movimiento anti-transgénicos de Estados Unidos se ha desmoronado en su mayoría, a pesar de que sigue siendo fuerte en Europa. Su sueño de usar una etiqueta gubernamental de advertencia por OGMs para asustar a los consumidores e inducirlos a comprar alimentos orgánicos ha sido aplastado. El USDA bajo el presidente Trump ya está retrasando el calendario del etiquetado; la agencia ha publicado 30 preguntas que buscan la opinión de las “partes interesadas” y ahora ha extendido el plazo para las respuestas hasta fines del verano (del hemisferio norte). La regla final podría requerir que las compañías sólo impriman un código QR o un número 1-800 que los consumidores puedan usar para obtener información sobre el contenido de OGMs, muy lejos del símbolo con un cráneo y huesos cruzados que los activistas preveían. Incluso hay una pequeña posibilidad de que la ley se pueda anular completamente gracias a la promesa de Trump de reducir drásticamente las regulaciones federales.

Eso sería un gran golpe, quizás incluso un golpe de gracia, a esta cruzada contra la ciencia, contra los agricultores y contra el sentido común. Sí, todavía hay muchas etiquetas relacionadas con OGMs en todo, desde jugo de naranja hasta palomitas de maíz, pero se está volviendo tan común que es esencialmente sin sentido. Podría ser la etiqueta menos útil e informativa en el mercado. Muchos productos que tienen una etiqueta de “libre de OGMs”, como los tomates en conserva e incluso la sal, no tienen alternativa GM (ya que no hay tomate transgénico en el mercado, y la sal ni siquiera tiene genes, es un compuesto inorgánico) por lo que la etiqueta es similar a la comercialización de agua “libre de grasa.” Los productos procesados, tales como sopa y cereal, podría tener varios ingredientes procedentes de cultivos modificados genéticamente, incluyendo maíz, soja o derivados de la remolacha azucarera, y una “etiqueta de OGM” no indica cuáles son transgénicos. A pesar de la afirmación de la facción pro-etiquetado de que la gente tiene un “derecho a saber qué hay en su comida”, la etiqueta tal y como está ahora en gran parte no puede decir nada a los consumidores.

Las compañías usan de manera sincera una etiqueta “libre de OGMs” para señalar a los consumidores que sus productos son más saludables y seguros, a pesar de que cada estudio científico afirma que los transgénicos son seguros y no representan ninguna amenaza para la salud humana. La mayoría de los consumidores no pueden explicar lo que es un transgénico, ni tampoco les importa. Según una encuesta de Pew del año pasado, sólo el 16% de los adultos en Estados Unidos dijo que “se preocupan mucho por la cuestión de los alimentos modificados genéticamente”.

Así que después de casi una década de activismo y decenas de millones de dólares gastados en una campaña de miedo motivada políticamente para demonizar una tecnología perfectamente segura, el movimiento anti-OGM ha terminado con las manos vacías. Ellos pueden esperar más problemas a medida que la administración de Trump promueve los transgénicos en Estados Unidos y en el extranjero. En abril, Trump anunció a través de una orden ejecutiva la formación de un “Grupo de Trabajo Interagencial sobre Agricultura y Prosperidad Rural“, encabezado por el jefe del USDA, Sonny Perdue, quien es un fuerte defensor de los cultivos genéticamente modificados. Uno de los objetivos del comité es “avanzar en la adopción de innovaciones y tecnología para la producción agrícola“. También se encarga de asegurarse de que “las cargas reguladoras no estorben innecesariamente la producción agrícola, perjudiquen a las comunidades rurales, limiten el crecimiento económico, dificulten la creación de empleo o aumentar el costo de los alimentos para los estadounidenses y nuestros clientes en todo el mundo“. Los partidarios esperan que el proceso de aprobación de nuevas plantas y animales genéticamente modificados, a menudo retrasado bajo la administración Obama, se aceleraré ahora.

La FDA se prepara para lanzar una campaña de concientización pública para educar a los consumidores sobre los beneficios de los cultivos genéticamente modificados y contra la desinformación sobre la tecnología. Más de 60 grupos empresariales y agrícolas han aplaudido la iniciativa: “Los recursos educativos dedicados asegurarán que las agencias federales clave responsables de la seguridad del suministro de alimentos de nuestra nación puedan transmitir más fácilmente al público la información basada en ciencia y hechos sobre los alimentos”. (A pesar de que el costo de $ 3 millones de la campaña deberá ser cubierto por la industria, no los contribuyentes.)

Y bajo un nuevo acuerdo comercial con la administración de Trump, China acelerará su aprobación de varias variedades de semillas genéticamente modificadas; cuatro ya han recibido “luz verde”, y cuatro más están bajo consideración. Esto tiene importantes consecuencias internacionales porque muchos países siguen el liderazgo de China en aceptar semillas transgénicas.

Hubo muchos perdedores políticos después de la elección del 8 de noviembre de 2016. Afortunadamente, el movimiento anti-transgénicos es uno de ellos.


Información adicional:

Desde este artículo del Genetic Literacy Project sobre la posición de los candidatos presidenciales en la última elección presidencial de Estados Unidos, les comparto extractos sobre la posición de Donald Trump en OGMs:

  • Cuando el Iowa Farm Bureau le preguntó si apoya “el uso de la biotecnología en los productos alimenticios y se opone a los esfuerzos para exigir el etiquetado obligatorio de los alimentos simplemente porque contienen ingredientes derivados de la biotecnología“, respondió simplemente que “Sí” (Fuente: Iowa Farm Bureau, “Read the Candidates’ Positions”).
  • Está públicamente comprometido a tratar de eliminar la Agencia de Protección Ambiental (EPA), por lo que es poco probable que apoye restricciones más estrictas a los productos químicos agrícolas, y esto además reduciría la regulación sobre los cultivos transgénicos resistentes a plagas y enfermedades (Fuente: The Guardian).
  • Trump había publicado una lista de 65 consejeros de alimentos y agricultura, casi todos los partidarios del Partido Republicano o ejecutivos agrícolas que han donado a su campaña (Fuente: POLITICO).
  • En ScienceDebate.org, describió su enfoque de política agrícola basada en el mercado: “La implicación de su pregunta es que debería haber un control central de la agricultura estadounidense por parte del gobierno federal. Eso es totalmente inapropiado. La industria de la agricultura debe ser libre de buscar sus mejores soluciones a través del sistema de mercado. Dicho esto, la producción de alimentos es un asunto de seguridad nacional y debe recibir la atención del gobierno federal cuando se trata de proporcionar seguridad a nuestros agricultores y ganaderos contra las pérdidas a la naturaleza“.

 

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